"Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.”
Khalil Gibran -
poeta, pintor, novelista y ensayista libanés ( 1883 - 1931 )

jueves, 4 de febrero de 2016

Cartas – ... el encanto de una época perdida

“Todas las cartas de amor son ridículas. /No serían cartas de amor si no fuesen ridículas. … /Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor sí que son ridículas. …”
Fernando Pessoa – poeta y escritor portugués (1888-1935) De las cartas a Ofelia Queiroz

Vivimos un tiempo donde todo es inmediato, simultáneo, lo vemos en las comunicaciones donde sin importar distancias, la noticia de lo que sucede ahora en un lugar se replica en el resto del mundo en el mismo momento, producto del avance de la tecnología.

Si pensamos en la manera de comunicarse hace un siglo atrás ineludiblemente llegamos a la existencia de las cartas, esa correspondencia hoy desplazada por el e-mail, relegada y olvidada, cuando en su momento ocupó un lugar peculiar en la sociedad, que era esperada con entusiasmo e ilusión o con desesperación y angustia, y a su vez era recibida con alegría o tristeza de acuerdo al mensaje que llevara.

Pero las cartas no sólo llevaban noticias de un continente a otro, también era la forma de comunicarse entre hombres y mujeres, con declaraciones de amor, importantes secretos, confesiones imposibles. Eran importantes por si mismas, se esperaban con ansiedad y se guardaban celosa y prolijamente, eran una parte de quien las escribia y también de su destinatario, eran un tesoro tan importantes como la vida misma.

Ejemplo de ellas es el fragmento que les dejo del escritor austríaco Stefan Zweig (1881-1942) de su obra "Carta de una desconocida", una triste historia de un amor imposible, relatada a modo de carta, que fuera llevada al cine con el mismo nombre.


“Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora.”
… …

Un texto romántico, brillante, una joya literaria, de un autor algo olvidado, que nos permite entrar en el espacio de los sentimientos, y que además nos lleva a pensar en los cambios que la estructura social y las costumbres han sufrido a través del tiempo, y dentro de ese proceso la desaparición de las cartas, esas que anunciaban nacimientos y muertes, decían de amores y desamores, que fue soporte de quienes iban a la guerra, intermediaria en importantes negocios, mensajera de añoranzas por la familia lejana.

Cartas, un elemento representativo de otros tiempos que se ha perdido, y con esa pérdida tal vez también se ha perdido el sabor y encanto de una época que tuvo otras esperas, otras limitaciones, otras pautas para relacionarse, una sociedad diferente para la que las cartas eran sinónimo de todos las emociones, afectos y esperanzas que en ellas depositaban. 

Click aquí para leer on line: 'Carta de una desconocida'

“Esperaba con impaciencia la respuesta a mi carta, sin atreverme a abrigar una esperanza y tratando de acallar los oscuros presentimientos.”
Aleksandr Pushkin – poeta, dramaturgo y novelista ruso (1799-1837)

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